El llanto atragantado

Soy la primera mujer de mi estirpe con libertad de elección. He soltado tantas cadenas que se me hace fácil caminar. A veces pienso en mis abuelas, en mis tías, en todas las mujeres de mi familia. Han cargado con tanto. Mi madre, la he visto tragarse el llanto, porque las mujeres fuertes poco lloran o lloran en silencio. Vi a mi abuela llorar escondida detrás de la puerta del escaparate cuando rezaba el rosario de la divina misericordia a las 3 de la tarde. 

Pero yo me he liberado, lloro cuando quiero y puedo, me siento frágil y fuerte al mismo tiempo, me doy el gozo de sentirme débil sin tener que cargar el mundo sobre mis hombros. 

¿Será un privilegio? 

Creo que sí. No juzgaré nunca los sollozos entre cuentas de mi abuela, tampoco las pocas lágrimas de mi madre. Por muchos años seguí sus pasos, no puedo hacer otra cosa de lo que vi y escuché. 

Entrar al baño, taparme la boca y llorar casi en tonos imperceptibles para los humanos, todo para que los otros no se sintieran mal. 

¿Qué pasa con el llanto? ¿Por qué somos nosotras las que debemos llorar en silencio? 

Una tarde estaba llorando, tenía un dolor fuerte en el pecho y no podía parar. Estaba llorando en plena luz, lo dejé salir todo, en frente de todos. No dejé nada para la intimidad. Ahí me sentí liberada, lloré a plena luz del día. No me tapé la cara ni los labios, no oculté lágrimas ni sollozos. Lloré al cantar y me sentí tan libre. 

Hubo una pequeña represión del entorno ¿por qué lloras? ¡Para de llorar!

Detuve mi llanto descontrolado y me sentí censurada, indignada. 

¿Qué tiene que hacer una mujer para llorar tranquilamente?

Deja un comentario