Pensé que este año pasarías desapercibido.
Ahora duele muy poco, se escucha muy lejos y casi ni se siente.
Me imagino que todo se debe a las bondades del tiempo. No creía que pasaría y lo sentía tan lejos. Pero llegó.
Llegó ese día donde quitar la costra no duele tanto, dónde decirlo en voz alta no cuesta.
Donde la culpa no se siente propia y el miedo no abruma en la oscuridad.
Espero con ansias que llegue el día donde mi alma se sienta sana y libre. Que llegue ese día que los días de junio no duelan nada.
Un día no detendré la mirada para acordarme lo qué pasó un día de junio.

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